lunes, 31 de marzo de 2014

creciendo.

Prefiero que la risa endulce tus labios y
embriague mis oídos ávidos de ella y de ti...

Prefiero mirar el cielo boca arriba
descansando mi espalda y mis cimientos
sobre tu manta de cuadros,
que la ciencia fricción sea nuestra única arma
para combatir el puto invierno,
que me llenes los pulmones de tu aliento
exhalado al oído tan de cerca que no se pierda
ni un gramo de su calor.

Prefiero depender de tu lengua y tu lenguaje
de engaño fácil, que de tu falda y su escasez,
prefiero desprenderme de mi discurso de grandeza
y que desayunes de mi piel los buenos días.

Prefiero que tus verdades desordenen la casa
a que me escondas secretos en tu caja de pandora.

Prefiero tenerte desnuda el tiempo suficiente para memorizar
tus caminos, y perderme por ellos a mi antojo más tarde
o imaginarte tumbada a oscuras pidiendo en silencio
un poco más de misterio.

Prefiero que me destroces o destrozarnos sin pausa
para repararnos con saliva y sin prisa los golpes y arañazos.

Prefiero que pasen los años
y acabar mis frases empezando las tuyas,
prefiero que sangren mis manos a que
lloren tus ojos.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Rendición sin condiciones.

Te busqué tanto...sin tregua y sin descanso por laberintos de hielo y cristal
que me perdí a mi mismo por el camino, y no siempre se hace camino al andar,
a veces solo sigues rastros, te imaginé sin defectos, sin miedos, ni fantasmas del pasado
que pudieran oscurecernos.

Te encontré sin quererlo, en un abismo de cartón cualquiera, a las por fin menos cuarto y
me hice una promesa que escribí con sangre en el espejo,
jamás te perdería por errores antiguos que resurgen en mí, ni por miedo, ni por descuidos de inmadurez mal contenida.

Y ahora que Octubre enterró las armas y declaró la tregua a Noviembre y Diciembre más por pereza que por afán de paz, ahora que tus dientes son tan certeros que me enjaulan los labios
y desarman mis miedos,
ahora he descubierto que jamás te busqué, que jamás pude imaginar algo tan bueno para mi.

Ahora que asumo mi derrota, que me has ganado sin poquitos a pocos que valgan,
de golpe, si piedad ni mesura, como arrasan los huracanes las ciudades tristes,
ahora, solo ahora puedo ser yo.